Mi ruta salvaje llega hasta el centro del misterio, atraviesa el huracán y las tormentas para, finalmente, alcanzar el sosegado corazón de mi alma.
Nathan Hope
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domingo, 19 de mayo de 2013

La lucha

Dice el filósofo Alan Wats que la vida es un holocausto constante. En África tuve la ocasión de ver como una serpiente estrangulaba a una cría de pájaro y la devoraba de un solo bocado. Probablemente nos afecta menos ver morir a una hormiga que a un pájaro, algo más nos afecta ver morir a un perro o a un gato, o a cualquier mamífero (será una cuestión de afinidad biológica). Pero lo que más nos debería afectar es ver como un humano devora a otro humano (que es, aunque hable metafóricamente, lo que está sucediendo hoy en día con esta crisis creada por cuatro oligarcas). No permanezcamos indiferentes. Cada uno que luche en la medida de sus posibilidades y sus fuerzas.

viernes, 15 de marzo de 2013

Acelga 02

Hoy una amiga me ha traido unas acelgas de su huerto. Nunca había visto una acelga que combinara los colores rojo y verde amarillento. La combinación resultaba tan atractiva que no me ha quedado más remedio que reconocer su belleza haciéndole una fotografía. Una vez más he vuelto a confirmar que la vida se expresa en los vegetales como lo hace en nosotros en forma de venas y arterias o como lo hace en el planeta en forma de ríos, alimentando a ese ser vivo sobre el que caminamos y al que esclavizamos con una impunidad pasmosa.

jueves, 26 de julio de 2012

Una red y no una vía

Si observamos la naturaleza en cualquiera de sus manifestaciones, nos daremos cuenta de que la vida tiene, como decía Jorge Drexler, forma de red y no de vía. Y me atrevo a completar la frase diciendo que más que por una vía, algunos, desde el poder, tratan de hacernos transitar por una autovía, por una línea recta y uniforme que no nos haga pensar demasiado, que no nos haga sospechar que siempre podremos elegir un camino secundario de líneas curvas y hermosas. En esa línea unidireccional y llena de aparente comodidad, primero se nos inculca el miedo a lo desconocido, a las carreteras secundarias, a los imprevistos, a los otros que también transitan por esa vía y a uno mismo. Y entonces es cuando nos hacemos un seguro de vida, uno de accidentes y otro seguro dental (por si las muelas). También comemos los alimentos envasados al vacío existencial que nos sirven desde grandes abrevaderos comerciales de nombres espeluznantes como Mercadona, Alcampo, Carrefour o Lidl, los cuales pugnan por robarle al otro algún conductor de esa gigantesca autovía de la vida artificial. Para ello no dudan en utilizar fotos de una frescura de plexiglás o cuerpos de una perfección inalcanzable que sirven de modelo de frustración para clientes con obesidad mórbida. En esa autovía (que hasta ahora parecía gratuita y ahora ni eso) ponemos la mejor de nuestras sonrísas con tal de que nos den un trabajo, un abrazo o un piso de protección oficial orientado al sur y con bonitas vistas a un cementerio. También tratamos de mantener la carrocería bien limpia, por aquello del qué dirán. Llegada cierta edad recurrimos a la ITV del seguro privado que llevas treinta años pagando y entonces te hacen un cambio de aceite, otro de filtros y una revisión de bajos en forma de tacto rectal. Y el doctor, un tipo aburrido que conduce por la misma autovía que tú pero al que no conoces de nada, te dice que el tamaño de tu próstata es la de un adolescente y que tu vida sexual va a ser tan activa como la de Rocco Siffredi y que no vuelvas hasta dentro de cinco años. Y entonces te entran ganas de darle un beso en los morros al doctor, y sales de nuevo a la autovía dispuesto a comerte el mundo, sin darte cuenta de que el mundo, lenta y cadenciosamente, se te está comiendo a ti.

viernes, 29 de junio de 2012

Arde el cielo



He tardado un buen rato en percibir la cualidad dorada que alumbraba el día de hoy. Los fotógrafos nos jactamos de tener vista de lince para distinguir los matices de nuestro elemento natural, la luz. Empiezo a perder capacidades o he de visitar al oculista.
Como hace un tiempo decidí quitarme de mi adicción a las noticias para que la prima de riesgo no acabara conmigo, no me he enterado del gran incendio que asola las montañas cercanas a mi ciudad. Parece que cuando llega el verano nos acostumbramos a estas catástrofes como algo natural, pero a mi me sigue doliendo el alma cada vez que suceden. La magnitud de las llamas y el humo son de tal calibre que han tintado el cielo de un tono pardo que incluso se cuela en nuestros hogares dotando a estos de un color apocalíptico. Como colofón y recordatorio macabro, la ceniza de los árboles quemados llueve sobre nuestras cabezas y siembra nuestras terrazas de briznas estériles.

domingo, 22 de abril de 2012

Comienza el mundial

Acaba de empezar el mundial de motos 2012. Lo reconozco; me gusta, lo disfruto. Veintitantos jovencitos adrenalínicos se van a partir la cara por cruzar el primero la línea de meta subidos a unos potros desbocados. Lo sé; resulta obscena e innecesaria una competición que cuesta unos millones que podrían estar dirigidos a paliar el hambre en el cuerno de África o a investigar sobre la curación del cáncer de páncreas. Pero no puedo negar que cada domingo estaré pegado a la pantalla del televisor para sorprenderme cuando esas máquinas se pongan a más de trescientos kilómetros por hora y tracen curvas imposibles. El año pasado, como consecuencia del riesgo y la velocidad, murió Marco Simoncelli, un piloto por el que no sentía mucha simpatía. Su pilotaje al límite trajo como consecuencia varios accidentes de otros pilotos que sufrieron, en ocasiones, graves fracturas. A él le supuso la muerte. Más allá de la agresividad de su estilo, jamás le desee su fatal desenlace. Ni siquiera le deseé el más mínimo rasguño. Este año le echaré de menos. El día de su muerte Televisión Española le dedicó una canción de su cantante favorito; Jovanotti, este tipo larguirucho y hortera, pero de una vitalidad envidiable que nos dice: “El más grande espectáculo, después del big bang, somos nosotros”. Que rujan los motores, que latan fuerte los corazones. El mundial ya está aquí.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Una visita insesperada

En los momentos más inesperados,la vida entra por la ventana y te saluda. Hoy lo hizo mientras fregaba los platos.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Vida anestesiada


En España hay personas a las que les gusta la vida tranquila, y practican la siesta diaria y las partidas de mus los fines de semana.
También hay gente a la que le gusta la vida sana, y practican el footing y levantan pesas y después van a la sauna y comen proteínas a chorro.
A otros les gusta el riesgo y practican el puenting, el rafting y algún otro “ing”, el cual desconozco.
A no pocos les gusta la “buena vida” y cambian trajes por contratos inmobiliarios millonarios, y hacen amistades peligrosas e invierten en el Ibex 35 hasta las muelas de oro de su madre.
Pero lo que le gusta a la mayoría es la vida anestesiada, y ven como una anciana desgalichada se casa con un tipo 30 años menor que ella y lo exhibe públicamente. Y observan complacidos, como los medios de comunicación (incluso los “serios”) se parten la boca por estar en primera fila.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Amistad




Un hombre sale de su casa. Recorre caminando el sendero que le lleva hasta la carretera. Allí alguien le espera para llevarle hasta el aeropuerto. Antes de subir al avión pide una cerveza y algo para acompañarla. En el avión lee el diario y cruza algunas palabras con su compañero de asiento. El vuelo es corto, el aterrizaje certero.
Ya en tierra, el hombre conecta su teléfono móvil y hace una llamada. Se cita con un viejo amigo, pero antes pasa por una librería. Compra un libro. Deja pasar el tiempo hasta la hora pactada. Llama a la puerta. El viejo amigo le abre, le sonríe, le abraza, le prepara un té. Conversan sobre los viejos temas. Escuchan algo de música. En un momento dado, el hombre extrae el libro de su bolsillo. Es un regalo. El viejo amigo le pide que le lea alguno de los pasajes y que le escriba unas palabras en la primera página. Hay emoción y complicidad.
El hombre es Pau, el viejo amigo soy yo y el libro es “Piedad”. Os recomiendo el libro pero, sobre todo, os recomiendo a Pau.

lunes, 24 de octubre de 2011

Hubo un tiempo....


Hubo un tiempo en que las carreteras nos alejaban del dolor.
Nuestros cuerpos eran fuertes como robles y delgados como un tiro.
Todas las chicas eran guapas y listas.
Nos alimentábamos de palabras vacías,
olíamos a nenuco y nuestro corazón era tan puro…..
Con la muerte jugábamos al mus y con la vida a la ruleta rusa.
Vivíamos a borbotones y nos moríamos de miedo.
Nuestra piel dormía a la intemperie y el alma entre algodones.
Nuestro pensamiento era de otros, nuestras frases puñales, nuestros silencios fortalezas.
La noche nos besaba en la boca y el día nos arropaba como una madre.
Caminábamos sobre las aguas y el amor era eterno.
Hubo un tiempo en que el espejo nos devolvía una sonrisa.

jueves, 20 de octubre de 2011

Los olvidos


Hay veces que alguna novia, en su despechada última huída, deja restos del naufragio en mi guarida.
Con el tiempo, haciendo limpieza o buscando unos calcetines sin agujeros, estos restos reaparecen como caramelos envenenados.
En esos momentos sólo echas de menos dos chinchetas para clavártelas en los ojos y una pastilla que provoque la amnesia instantanea.

jueves, 6 de octubre de 2011

Alumnos aventajados


Muy a mi pesar, he de reconocer que esta foto no es mía.
De vez en cuando algún amigo (amiga en este caso) me dice:
-“¿No me darías unas clases para ver cómo funciona mi cámara?”
Yo casi siempre accedo. Sólo digo no cuando estoy a punto de entrar en quirófano para ser operado a corazón abierto.
Y me encuentro con que hay personas con el talento que a uno le costó cultivar durante más de veinte años.
A mi esta fotografía me parece sublime.
¿Nos podrías explicar cómo la hiciste, apreciada Nuria?
O casi mejor; ¿podrías iniciar un curso de fotografía digital on-line para ineptos como yo?
Gracias.
Buenos días.

martes, 4 de octubre de 2011

Perlas


Hay perlas en el fondo del mar.
Hay perlas en tus ojos.
Hay perlas en lo que queda de mi niño.
Hay perlas en la voz de Van Morrison.
Hay, perlas, hay perlas…..
Hay perlas en tu piel de verano.
Hay perlas en tus frases afiladas.
Hay perlas, las hay.
Hay perlas en mis sueños.
Hay perlas muertas en mis recuerdos.
Hay perlas en la basura.
Hay perlas en las esquinas de tu barrio
y en el rocío de mis mañanas.
Hay perlas en la respiración del maquinista,
en la soledad de la azafata,
en el llanto del peatón,
en el temblor del protón,
en el calambre del placer,
en el alambre del funámbulo.
Los suicidas disparan perlas.
Los alquimistas buscan perlas.
Los anarquistas proponen perlas.
Los artistas se suponen perlas.
Pero sólo el aburrimiento de la ostra produce perlas.

sábado, 1 de octubre de 2011

Las consecuencias del amor ajeno


La historia es muy sencilla:
Chico conoce a chica.
La chica, nacida en Polonia y becada con una Erasmus, estudia filología española en Valencia.
Chico se enamora de chica y chica se enamora de chico.
La beca termina.
Chica regresa a Polonia y chico la sigue (el amor mueve
montañas).
Hasta aquí todo parece un guión del peor cine español.
Pero la historia es real y corresponde a mi vecino.
Las consecuencias son varias, pero en lo que a mi respecta me comentó la posibilidad de compartir el cuidado de sus tres gatos con los inquilinos que han alquilado su casa.

- “Abrimos un hueco entre las terrazas para que puedan pasar cuando quieran.¿Qué te parece?” – me dijo
- “Ok” – le dije yo.

Y como quien no quien la cosa me he convertido en padre adoptivo de tres gatos.
En su día me dijo cómo se llamaban, pero lo he olvidado y les he puesto nuevos nombres.
En primer término tenemos a Rufus (homenaje a Rufus Thomas, autor de uno de los temas soul más impresionantes de la historia; “The Memphis train”). Rufus es el más brillante de los tres. Es curioso pero no invade tu espacio. Está flaco como una raspa y eso aumenta el tamaño de sus ojazos verdes.
La de detrás es Rita (que no es un homenaje a Rita Hayworth, ni a Rita Pavone). Rita es huidiza con los humanos y autoritaria con sus congéneres. Lleva de culo a los otros dos. Es la que se come mis plantas y me rompe los tiestos.
El del fondo es Rimpoché (“maestro”en Tibetano). Es el más tranquilo y cariñoso de los tres. Su lugar favorito es una esquina de la terraza, debajo de un gran helecho. Desde allí me observa en actitud meditativa (de ahí lo de Rimpoché).

Pues, como le dijo Antonio Banderas a Victoria Abril en “Átame”: “espero ser un buen marido para ti y un buen padre para tus hijos”. La primera parte de la frase me la saltaré pero a mi vecino le puedo decir: “espero ser un buen padre para tus gatos”.
Que les vaya bien el amor en Polonia. Ese es mi deseo.

lunes, 27 de junio de 2011

viernes, 24 de junio de 2011

Los flecos


En todo reportaje siempre quedan flecos. Son esas imágenes que nunca se publican porque la persona entrevistada no ha dado información interesante o simplemente fotografías que realizo sin que pertenezcan al tema que estamos tratando. Esta niña nos rondaba mientras entrevistábamos a una mujer que destilaba ilegalmente lokoto, un aguardiente similar al alcohol de farmacia. Yo me había pasado 24 horas vomitando una comida en mal estado y al día siguiente, sin desayunar, lo primero que me ofrecieron fue este brebaje. Por cortesía o por morir definitivamente acepté. Fue en ese instante cuando apareció este angelito de mirada curiosa e intensa. Yo no sabía si era real o una visión producto del lokoto. Debía ser real porque aquí la tenéis.

miércoles, 15 de junio de 2011

Primer amor


A un primer amor lo acunarías en tu regazo la vida entera. Le comprarías helados de chocolate si le gustara el chocolate y de fresa si le gustara la frambuesa. El primer amor, sin saberlo, hace girar la tierra con sus manos e incendia los días de verano con sus ojos. El primer amor huele siempre a caramelo y en su tierra fértil, dan fruto tus semillas muertas. Los silencios de un primer amor son inteligentes y sus palabras te explican la gestación del universo. El primer amor habita en los pliegues de tus sábanas y resbala en las grietas de tu memoria, sobrevuela tu infierno y apaga tu sed derramando sobre ti su divina indiferencia. Por un primer amor le pegarías fuego a Roma con Nerón dentro, empezarías de cero todos los días, rezarías al dios que una vez mataste y pedirías perdón por haber estado tan ciego, renunciarías a tu nombre y a tu historia, serías Charlie Manson o el Dalai Lama, el estrangulador de Boston o la madre Teresa de Calcuta, vagarías en busca del santo grial sin salir del mapa de su torso. El primer amor te impulsa, te rapta, te nace, te mata, te todo, te nada, te habita, te olvida, te vuelve y se marcha.

domingo, 27 de febrero de 2011

En mi habitación



En mi dormitorio,casi todo el dìa entra una luz tenue, poco apta para la fotografìa. Le falta contraste,es frágil pero tiene algo especial. Es brumosa y acogedora,la conforma una cierta húmedad; algo de musgo habita su práctica inexistencia. Me remite a mundos antiguos, a despachos abandonados, a olor de papeles amarillos.
En este entorno me puse a probar con quien màs tenìa a mano; conmigo, y saliò un autoretrato que tiene algo de Rembrandt mezclado con Edward Hopper. Ya sé que algunos no conocerèis a estos pintores y que a mucha gente le puede parecer pedante tanta comparaciòn,pero es que a mi me gustan y por eso hablo de ellos. La cuestiòn es que dìas màs tarde se presentò en casa mi amigo Luis y, sin darle tiempo a reaccionar, lo plantè bajo la luz musgosa y disparé.
Creo que a partir de ahora cada persona que venga a tomar un tè deberà pasar por la tenue y cálida atmòsfera de mi habitaciòn.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Laia


El otro dìa me encontrè con un par de amigos,Luis y Marian. Son de esos amigos de colegio, facultad y bares. Luis y Marian se casaron y tuvieron dos hijos. Creo que fue la primera pareja de amigos en ser padres. Aquello supuso todo un acontecimiento. Supongo que significò pasar a la siguiente fase vital. Su primera hija se llamò Laia, después llegò Pau. A Laia le hice un "especial nacimiento". Ahora es una chica de 17 años, guapa y simpática. Me gustò ver que ella conserva esta foto pegada en una de las paredes de su habitaciòn.