
Hace unos días, revolviendo en el pasado, buscando no sé muy bien qué (una raíz, un respiro o una pausa), apareció la caja metálica donde mi abuelo guardaba su maquinilla de afeitar, probablemente la única que tuvo en toda su vida. También la maquinilla, como la caja que la atesoraba, era metálica, pensada para durar eternamente, como antes se hacían las cosas, para siempre. Junto a la maquinilla, sus cuchillas perfectamente ordenadas y yo diría, todavía útiles. Antes un hombre tenía una pluma para siempre, un coche para siempre y una maquinilla para siempre. Hoy firmamos documentos con bolígrafos prestados para la ocasión, los coches tienen una vida útil de ocho años y nos afeitamos con cuchillas de un solo uso.
Una pieza más para la colección de objetos encontrados.
me acuerdo de cuando mi papa la usaba,yo miraba todo el proceso, brocha para la espuma, cara de papa noel, besito espumoso en la nariz. rasurasda perfecta, piedra de alumbra, trocitos de papel para las heridas... tiempos felices
ResponderEliminarUna gran descripción. No recordaba lo del papel para las heridas. Mi padre, alguna vez, se fue al trabajo sin darse cuenta de que todavía llevaba los papelitos por la cara.
ResponderEliminarTe mando un beso.
Me alegra mucho leerte.
No sé si habías visto este documental, "Fabricados para no durar". Trata sobre la obsolescencia programada y explica por qué todo eso que describes ha cambiado tanto y para peor. Dejo el enlace por aquí: http://www.rtve.es/noticias/20110104/productos-consumo-duran-cada-vez-menos/392498.shtml
ResponderEliminarUn beso, primo.
Conozco el documental. Me impactó bastante.
ResponderEliminarQué alegría leerte de nuevo por aquí, Nachete.
Te mando un beso.