
Dicen los historiadores del arte que no hay un buen retrato sin una buena mirada, pero en ocasiones, un detalle, un fragmento del cuerpo nos puede sugerir e incluso definir mucho mejor a la persona que tenemos delante. A mi siempre me ha gustado este retrato, que ha permanecido en mis archivos durante años y, si no recuerdo mal, ni siquiera la propietaria de esta cabeza lo vio en su día. Quizás ahora sea el momento adecuado.
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