Mi ruta salvaje llega hasta el centro del misterio, atraviesa el huracán y las tormentas para, finalmente, alcanzar el sosegado corazón de mi alma.
Nathan Hope
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miércoles, 1 de mayo de 2013

Mapa

En mi mapa se dibujan simas, valles y acantilados. Aquella ocasión en la que, sin palabras, dijiste que no me querías. El sordo grito infantil, un fardo viejo en la trasera del coche. El amigo muerto, un arma cargada con pólvora mojada. Una feria ambulante y un motel de carretera donde quedé perplejo ante un primer fracaso. La frontera del pánico, la patria de la resistencia. Por mis pliegues corretean jovencitas en flor y los cadáveres alimentan  pasto para cobardes. Guíñame un ojo y te sonreiré. Ponme más vino con gaseosa en el biberón y descuelga el crucifijo de la pared que me va a sentar mal el arroz. Boris Vian fuma opio  a mi lado mientras intenta afinar unas cuantas notas. Una bailarina se dispara en la cabeza mientras yo me abandono, lánguido, a una primavera eterna. Un pirata lascivo baila sobre la barra del bar donde antes todas las mujeres  olían a sexo. ¿Me indicas el camino hasta la orilla? Cogeme de la mano y ayúdame a cruzar. No tengo prisa, aunque a veces lo parezca. Sospecho que aquí estoy mejor. Un algarrobo lleva mi nombre pero no sabría llegar hasta él. Seguiría el rastro de los caracoles pero la tierra absorvió su esencia. ¿Me escuchas? ¿Me quieres? Acúname con tu voz ronca y hazme soñar. ¿Bailarías para mi? No recuerdo el ritmo de tus pasos. Esfuérzate un poco, como aquí lo hacías. Taconea más fuerte para que pueda seguir el sonido y llegar hasta ti. No esquives mis balas, tan sólo grito para escuchar el eco de mi voz. Por favor; no dejes de bailar.

domingo, 7 de abril de 2013

Bigas Luna


Ayer murió Bigas Luna. Hace un tiempo tuve la ocasión de conocerlo. Me lo presentó una amiga y nos invitó a pasar un día en su casa de Tarragona. Fue una jornada excepcionalmente agradable, un día luminoso de campo y tertulia. Caminamos por sendas rodeadas de viñedos y algarrobos, hablamos sobre filosofía oriental y acupuntura. Congeniamos desde un primer momento. Supongo que el hecho de no mirarlo con la reverencia con la que se mira a los mitos le acercó a  mi desde una postura de naturalidad que otras personas no le permitían. Me pareció un tipo afectuoso habitado por la soledad que envuelve a determinados personajes de reconocido prestigio social.
Bigas me hizo tres regalos, además de una incipiente amistad. Me regaló una navaja que todavía conservo, le puso mi nombre a un algarrobo y me dio un tronco de vid que actualmente vive en mi terraza y donde mis gatos se afilan la uñas.
En los últimos años pienso más de lo que quisiera en la muerte y ella parece empeñada en que no deje de hacerlo ¿Es lo que desea? Pues así será. No seré yo el que ose llevarle la contraria, no vaya a ser que le entre el capricho de hacerme viajar a sus territorios antes de tiempo.
Bigas, tendrás que esperar un poco antes de volver a verme.
PD: No sé si a Bigas le gustaba Bob Marley, pero como a mi me gusta le dedico esta canción.
 

martes, 11 de enero de 2011

Otra sobre el paso del tiempo



Escribo esto desde Brasilia, una de las ciudades más feas (aunque única en su especie) que ha ideado el ser humano. Duermo en un hotel de lujo; el Metropólitan Flat. Novena planta. Vistas a gran parte de la ciudad. Las torres donde se aloja el gobierno se divisan a lo lejos con una enorme bandera brasileira. Mañana subiré a una avioneta que durante unas 5 horas me trasladará al estado de Mattogrosso(la gran selva en portugués), selva preamazónica, concretamente al pueblo de Sao Félix do Araguaia. Mañana es mi cumpleaños. Cuarenta y siete. No se me ocurre una mejor forma de vivir el acontecimiento, al que por otro lado nunca he dado mayor importancia, que sobrevolando la selva. Difícilmente se volverá a repetir.
PAUSA.
Llaman a la puerta de mi habitación. Ahora vuelvo.
Increíble; era de parte del hotel. Por lo visto se han fijado en mi pasaporte y dándose cuenta que mañana cumplo años me han regalado una botella de champagne ,una agenda y una tableta de chocolate. Por orden prefiero; el chocolate, el champagne y la agenda (que es un poco fea). Evidentemente es una técnica comercial, pero qué queréis que os diga; me ha gustado. Además el chocolate está buenísimo. Mientras escribo lo voy probando.
Pero la cuestión es que quería hablar, con motivo de mi cumpleaños, del paso del tiempo. Ya sé que es un tema recurrente (el tiempo, la muerte….) pero no lo puedo evitar.
Hace unos años fui al IVAM (Instituto Valenciano de Arte Moderno) sin idea de ver algo en concreto. No sabía qué se exponía en aquel momento. Me encontré con un conjunto de video-instalaciones de diversos artistas. Muchas piezas eran insignificantes en su sentido más estricto; carecían de significado (o al menos yo no lo supe ver). Pero una propuesta me llamó poderosamente la atención. Era de un artista japonés. Si querías entrar en su juego tenías que teclear en un ordenador tu fecha de nacimiento y una fecha imaginaria para tu propia muerte. Yo elegí vivir unos 98 años (por lo que pudiera pasar después de introducir los datos). Tras teclear estas fechas te sentabas en un taburete y el ordenador, a través de una webcam, te sacaba una fotografía y un contador con dígitos que ocupaban toda la pantalla atravesando tu propia imagen congelada, empezaban la cuenta atrás en décimas de segundo, segundos, minutos, y horas. Se había activado el contador del tiempo que me quedaba de vida. Cuando salías de la sala por una puerta pequeña te encontrabas con un muro en el que, en letras enormes, rezaba algo como: “Recuerda: el tiempo no cesa. Tu vida se acaba. Tienes dos opciones; abandonarte o hacerlo lo mejor posible”. No eran estas palabras exactamente pero la idea era esa. La imagen que veis la saqué del folleto de publicidad. Años después todavía lo conservo. Me pareció impactante. Simplemente quería compartirlo.
Boa noite desde Brasil.