Tal vez Xavo Giménez nunca fue el guapo de la
clase (lo sé porque yo tampoco lo fui y entre iguales nos reconocemos).
No era el más guapo, ni falta que le hacía. Seguro que le partieron el
corazón y la cara más de una vez (lo sé porque a mi también me los partieron).
A Xavo lo conocí hace unos cuantos años, cuando fotografié una obra
titulada "Va de bo", una producción, si no recuerdo mal, de la compañía
La Dependent. Era una obra de humor irreverente y socarrón, sin una
pretensión que fuera más allá de hacer pasar un buen rato al espectador.
Después le perdí la pista hasta que, por el azar cibernético del
Facebook, lo reencontré. Lo curioso es que no lo reencontré como actor
sino como cantante y compositor de un grupo llamado Giménez e hijos.
En mi casa suena música a todas horas, soy un buscador incansable de
nuevos estímulos, y en estos tiempos donde abundan las melodías
anoréxicas, encontré en la música de Xavo algo más parecido a un buen
cocido que a una ensalada aliñada con aceite de girasol. Pero fui
siguiendo sus pasos y, para colmo, descubro que el tío también escribe,
dirige, hace diseño gráfico y seguro que te arregla una cañería.
El
otro día, y esto es cierto, una amiga me dijo que le daba miedo ir a un
concierto de Giménez e hijos porque seguro que se enamoraba del cantante
(las chicas, a veces, son así). Pues bien, Xavo; parece que dejaste de
ser sólo el simpático de la pandilla. Los patitos feos también podemos
convertirnos en cisnes.
Y esto empieza a parecerse a una declaración de amor baboso hacia el señor Giménez. Pues qué coño, que así sea!!!
Que nadie se pierda "Penev" este fin de semana, en la Sala Ultramar,
para descubrir el talento de este cabronazo. Ah, y si alguien tiene
problemas con las cañerías del baño, que hable con él a la salida.
Seguro que le da una solución.
miércoles, 12 de marzo de 2014
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