La vida se construye por capas. Capas de tiempo. Capas de experiencia. La familia donde naces, el barrio, el primer amor, el primer desamor, la primera muerte cercana, la escuela, la universidad, las canciones que marcan tu vida y tu ritmo, los amigos que eliges y los que te eligen a ti, los viajes que te marcan la memoria, las enfermedades, las películas de madrugada en el sofá de tu hogar, las caricias, los abrazos, los besos, los abandonos, las huídas y el miedo, las borracheras, lo que escribimos, el rastro que dejamos en los demás, las pequeñas mentiras y la gran verdad, que siempre es una e indivisible, la verdad que nos persigue, la consciencia que nos deslumbra, ese fogonazo súbito que nos revela el gran misterio, la vida misma que está ahí desde siempre, sin alfombra roja, callada pero omnipresente. La vida, la vida, la vida.
Feliz capa 2013.
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martes, 1 de enero de 2013
miércoles, 11 de julio de 2012
Fractales 2: El futuro de Patatapato
Se preguntaba Vox One cuál iba a ser el futuro de nuestra patatapato y me ofrecía tres posibilidades: la patata hervida, asada o frita. Pues no va a ser ninguna de las tres. En mi proceso de investigación cuántica he abandonado a nuestro apreciado tubérculo en la tierra, justo al lado de una calabaza. ¿obtendremos una calapatata?, ¿obtendremos una patabaza?, ¿obtendremos una mierda? El tiempo lo dirá. Seguiremos informando.
sábado, 7 de julio de 2012
Fractales
Aprovechando el verano estoy leyendo un libro sobre física cuántica. Lo sé; el verano es para leer algún best seller sobre intrigas vaticanas, pero es que a mi los curas me tiran para atrás.
El libro hace un análisis desde Newton hasta
nuestros días, pasando por Einstein, Max Planck y algún otro de no tanto
relumbrón. He leído sobre la teoría de cuerdas, sobre antimateria y sobre
agujeros negros, para llegar hasta la teoría de los fractales que es donde,
parece ser, nos encontramos actualmente (esto no lo puedo confirmar porque no
me he acabado el libro).
La teoría de los fractales viene a decir, en
el lenguaje de un lego en la materia
como yo, que la naturaleza se forma a partir de partículas minúsculas
(fractales- del latín fractus: Quebrado o fracturado) que se copian a si mismas
cristalizando en formas basadas en lo que tienen más cerca, es decir, en
aquello que conocen por cercanía. Esto
me lleva a pensar que yo debo tener la nariz de mi abuela, los ojos de mi padre
y las orejas de algún familiar lejano, porque la información conocida por
cercanía que tenían el espermatozoide de mi padre y el óvulo de mi madre así lo
determinaron, cristalizando finalmente en este armazón llamado cuerpo en el que
me encuentro atrapado desde hace cuarenta y ocho años. Pero la física
contemporánea dice que el todo también está determinado por la mirada del
propio todo hacia si mismo y por la mirada particular de cada uno de las formas
individuales hacia otras formas individuales. Vamos, que desde el momento en
que miro una piedra estoy transformando dicha piedra. Y no sólo eso, sino que,
de alguna manera soy piedra y la piedra soy yo. No en vano los objetos
inanimados como una piedra tienen las mismos elementos químicos que nosotros
pero con distinta combinación, lo cual a la piedra, con su combinación de
partículas, la convirtió en piedra y a mi, con mi combinación de partículas, me
convertió en Jordi Pla (aunque en ocasiones no me hubiera importado convertirme
en piedra).
Como curiosidad diré que la patata que
ilustra esta entrada la compré el otro día en El Perelló, concretamente en una
huerta pegada al humedal de la
Albufera, donde viven varias especies de patos. Me pregunto
si alguno de estos patos estuvo largo tiempo mirando fijamente a esta patata y
los fractales que componen al tubérculo empezaron a copiarse a si mismos
imitando a aquello que tenían cerca (en este caso el pato). Pero entonces, si
todo influye en todo, la pregunta subsiguiente sería: ¿Qué habrá sido del
pato?, ¿Tendrá forma de patata emplumada?
domingo, 13 de noviembre de 2011
Se acerca el fin del mundo

Los apocalípticos vuelven a estar de enhorabuena. Después de haberles fallado todas las previsiones con Nostradamus, se acerca el año 2012. Parece ser que, según el calendario maya, es entonces cuando se producirá el fin del mundo. Por enésima vez vamos a estar con el culo apretado durante 365 días. Los más pesimistas se pegarán un tiro y sus familiares lo atribuirán a la crisis económica o a la quiebra de su empresa sin saber que, realmente, la culpa la tuvo el puto calendario maya. Los más optimistas aplicarán el viejo dicho valenciano de “folleu, folleu, que el mon s´acaba” (follad, follad, que el mundo se acaba).
A mi, personalmente, más que follar, me apetecería tomar un helado de chocolate ya que los médicos me lo prohibieron hace un tiempo y estoy que me subo por las paredes. Si después del chocolate echo un polvete, pues bienvenido sea.
De momento, como el calendario maya me la pela, os emplazo a enero de 2013.
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