Mi ruta salvaje llega hasta el centro del misterio, atraviesa el huracán y las tormentas para, finalmente, alcanzar el sosegado corazón de mi alma.
Nathan Hope

lunes, 9 de enero de 2017

Los caminos bifurcados


La vida es digital, funciona por ceros y unos. Constantemente estamos eligiendo. Lo digo o no lo digo, voy a nadar o me quedo en casa, veo una película o empiezo un libro, escribo este artículo o me dedico a ver como el sol provoca sombras en el salón. Suelen ser decisiones simples, de esas que, aparentemente, no cambian el rumbo de nuestra vida.
Pero un día cualquiera sucede algo inesperado. Una palabra, una mueca extraña en boca ajena, un olor, una sensación de libertad cristalina. Ese día el universo, tu universo, colapsa y se convierte en multiverso, abriéndose ante ti mil caminos posibles. La pregunta es: ¿realmente hay mil caminos o es mi cabeza la que los imagina? ¿No serán solo dos caminos bifurcados hasta el infinito por mis neuronas? Y ahí, amigo, surge la duda caleidoscópica que no te deja respirar.
Decía Rusty Cole (uno de los protagonistas de “True Detective”): “la conciencia es una anomalía de la naturaleza que nos aleja de ella”. Ser conscientes de nuestra existencia y finitud nos sitúa en la disyuntiva de tener que decidir, no sólo en las cosas sencillas sino también en las cosas aparentemente complicadas.
Las cebras en el Serengueti deciden por instinto. Si tienen hambre pastan, y si ven un león a una distancia que entrañe peligro, corren. Nosotros pastamos en exceso y vemos leones donde no los hay. Los caminos bifurcados hasta el infinito están plagados de leones imaginarios. De leones imaginarios, de ilusiones perdidas, de fraudes consentidos, de explosiones emotivas, de autosobornos, autoexigencias y automutilaciones.
Le pido ahora, aquí y ahora, a mi consciencia, que focalice esos caminos bifurcados y vuelva a ver con nitidez los dos únicos caminos posibles: amar o no amar. Y ninguno, por mucho que digan los apologistas de la nueva era, es mejor que el otro. Sólo elige desde tu instinto de cebra en el Serengueti. Seguro que acertarás.

viernes, 6 de enero de 2017

Elegir un padre

Yo tuve el mejor padre posible. Es cierto, no era perfecto. Eran sus debilidades lo que lo hacían más humano de lo que era (y lo era mucho). Educado, atento, con un sentido del humor elegante y de una bondad que rozaba lo beatífico. Siempre estaba ahí, a su manera, si lo necesitabas.
Sin duda, era el mejor padre posible.
Pero si hago un ejercicio de imaginación (algo a lo que soy muy dado), si me dieran a elegir otro padre posible, hubiera elegido a Leonard Cohen.
No soy un tipo ingenuo, aunque a medida que me hago mayor mi candidez va en aumento. Estoy convencido de que tras la poesía de Cohen se escondía un hombre depresivo, huraño y por momentos tirano. Me da igual. Por Cohen siento algo que nunca sentí por mi padre: admiración.
Descubrí a Cohen cuando tenía más de cuarenta años (yo, no él). No es que no lo hubiera oído antes (y digo oído, no escuchado). “Suzanne” era un tema recurrente entre los hermanos mayores de mis amigos y siempre me pareció blando y carente de substancia. Si tenemos en cuenta que por aquel entonces yo escuchaba a los Clash, los Stones o a los Heartbreakers no es de extrañar que “Suzanne” me pareciera blando. Pero a los cuarenta años vi un documental sobre la vida de Cohen. “I´m your man” es el título del documental, igual que una de sus canciones más conocidas. Ese documental me cambió la perspectiva que tenía hasta aquel momento sobre la música, y por encima de todo, sobre las letras de Cohen.
El documental está basado en una amplia entrevista con el cantante combinada con distintos intérpretes versionando sus temas de manera exquisita. En sus palabras entendí el dolor y la belleza que le acompañaron durante toda su vida. Y lo más excitante es que me sentí reconocido en muchos de los sentimientos emocionales, espirituales y vitales de los que hablaba.
La religión y la espiritualidad son señas de identidad en casi todas las canciones de Leonard Cohen, temas que a mi me han acompañado desde que de muy joven decidí matar a Dios para, años después, tener que resucitarlo. No se debe cometer un crimen sin entender por qué lo estás cometiendo. No es justo.

Cohen murió hace un mes y pienso en él, como en mi padre, todos los días. Aparece en mis sueños, como mi padre, todas las noches. Me acompaña con su voz cavernosa, como la de mi padre, a todas horas. Y creo que debido su poesía entiendo un poco mejor este mundo al que, gracias a Dios, nunca llegaré a entender del todo. Siempre hay grietas en nuestro conocimiento, pero es precisamente por ellas, como dice el maestro, por donde entra la luz.


domingo, 1 de enero de 2017

Una extraña entrada al año 2017

Esta noche, la madrugada del treinta y uno de diciembre al uno de enero de 2017, no he podido dormir. No he dormido ni un minuto. Podría echarle la culpa al catarro y a la probable fiebre, pero no pienso que se deba a ello.
Tenía mil cosas en la cabeza, me rondaban mil pensamientos, y no he dormido. Me he levantado de la cama varias veces, he fumado, he leído, he visto películas aburridas hasta la extenuación...y no he podido conciliar el sueño.

Ya amanecido, desde la cama, he conectado la radio.
Adoro escuchar la radio tumbado en la cama. Sobre todo las noticias, para ver si se acaba el mundo o algo similar. Pero el mundo no se ha acabado. Sí han acabado unas cuantas vidas en una discoteca de Estambul porque un tipo vestido de Papá Noel ha entrado con una ametralladora y se ha llevado a 39 personas por delante. Algunos han salvado el pellejo porque se han lanzado al Bósforo, ya que su instinto de supervivencia les decía que era mejor sufrir aquellas aguas heladas que una bala en el occipital. Es lo que tiene el instinto de supervivencia: pasas de bailar un tema de Rafaela Carrá a nadar en el Bósforo en cuestión de segundos.

Tras las noticias ha comenzado algo que detesto desde que era niño: el concierto de primero de año en Viena. Detesto a toda esa gente ataviada con frac y pedrería escuchando esos valses decadentes.

Yo escucho Radio Nacional, no por su rigor informativo o su calidad, sino porque no emite publicidad. Radio Nacional tiene varias cadenas; yo suelo escuchar Radio 1 o Radio 5, todo noticias (así se hacen llamar: Radio 5, todo noticias).
En Radio 1 emitían el dichoso concierto de valses decadentes, así que he decidido cambiar a Radio 5, donde, oh sorpresa, también estaban emitiendo el mismo concierto.
Me he preguntado qué sentido tienen dos cadenas nacionales que emiten exactamente la misma programación al mismo tiempo, pero ese pensamiento me ha durado poco. No me ha parecido útil hacerme esa pregunta tras una noche de insomnio.
Sin embargo sí me ha parecido útil hacer girar el dial para ver si encontraba algo más interesante. Y señoras y señores: lo he encontrado. He ido a parar a la cadena COPE.
Ahora es cuando todos mis amigos se escandalizarán y se tirarán de los pelos preguntándose: “¿Pero cómo has podido caer en semejante aberración patrocinada por la iglesia católica? ¿Cómo te has detenido en ese pozo aberrante?

Y os voy a contestar.

Mientras en Radio Nacional de España emitían el decrépito concierto de primero de año, en la COPE estaban haciendo un programa sobre la cantidad de muertos que ha habido en las costas de la isla de Lesbos estos últimos años. Apasionante.
La periodista que lo presentaba era ciertamente un poco...¿cómo podría decirlo?...¿cursi? Sí, cursi sería una palabra adecuada. Pero el documento no tenía desperdicio. Justo en el instante que el azar me ha llevado hasta la COPE atravesando las ondas hertzianas estaban hablado de una pareja de ex hippies ingleses que llevaban en la isla unos veinte años trabajando la artesanía y que habían abandonado todo para ayudar a las miles de personas que llegan a diario hasta la isla.

Erik y Philippa Kempson: esos son sus nombres

Los Kempson han construido una infraestructura de la que deberían aprender todos los gobiernos de nuestro mimado y mojigato “primer mundo”.
Erik graba vídeos a diario explicando la situación casi a tiempo real. Podéis ver sus vídeos en You Tube.

Mientras escuchaba este maravilloso documento pensaba que girando la rueda del dial estaba sucediendo un concierto en Viena con hombres de frac y mujeres de pedrería. Es decir, mientras una periodista entrevistaba en Lesbos a personas que atendían a náufragos, al mismo tiempo, en un espacio no tan lejano, la alta burguesía vienesa escuchaba valses. Ah sido en ese instante, con ese pensamiento, cuando casi me estalla el cerebro. Menos mal que he parado a tiempo.

Pero lo peor estaba aun por llegar, y ruego al lector aprensivo que deje de leer ahora mismo si no quiere sufrir un colapso.
La periodista ha empezado a preguntar por casos particulares. A mi, en el periodismo, me gustan los casos particulares porque si hablamos en general de una situación, si no ponemos nombres y apellidos, rostros y cicatrices, todo se disuelve en un “los refugiados”, o en unas “mujeres maltratadas”, o en un “bulling”...etc.
La estadística siempre mata la verdad.

La máxima expresión de dolor e impotencia la he sentido cuando han relatado la historia de un chico de unos veinticinco años que había huido de Siria en una barcaza y había alcanzado Lesbos tras una travesía de días. Este chico está siendo tratado en un hospital de la isla y todavía se despierta cada noche, gritando y meándose encima porque en su cabeza se ha grabado a fuego algo que jamás podrá olvidar: en Siria, en la guerra, le habían arrancado los dientes y las muelas una a una. No voy a entrar en detalles.

He desconectado la radio. Ya era suficiente.

Me he levantado. He desayunado mandarinas, higos secos y un té caliente. He dado gracias por poder masticar y por muchas más cosas.
No sabía qué hacer para quitarme de la cabeza a aquel chico.
He puesto la tele pidiendo, por favor, algo intrascendente.
Y se obró el milagro. 
No he encontrado algo intrascendente.
Todo lo contrario. 
Justo en ese preciso instante empezaban a emitir en TCM “La Gran Belleza” de Paolo Sorrentino, y he comprendido, una vez más, la magia del ser humano.
Yo no sé si Dios existe. Pero que alguien, desde algún lugar, tal vez no tan lejano, juega conmigo, de eso no tengo ninguna duda.

Bienvenido 2017.

sábado, 31 de diciembre de 2016

El miedo

Yo no tengo miedo a la muerte.
Tengo miedo al aburrimiento.
Tengo miedo a no ver, escuchar o sentir un rayo de belleza en cada uno de mis días.
Tengo miedo a los apologetas de la claudicación.
Tengo miedo a los animales domésticos.
Y no hablo de tu perro, de tu gato o de tu hamster.
Hablo de ti.
Te hablo a ti, oveja del rebaño.
Cuántas veces he deseado estar en tu corral.
Y cuántas veces he coceado al que ha pretendido echarme el lazo.
Prefiero el disparo de un cazador furtivo que la descarga eléctrica del matarife.
Prefiero el ardid del trampero que la desidia del carnicero.
Prefiero aullar en solitario que cantar vuestro canto cacofónico.
Así pues, aquí sigo, bailando desnudo en el desierto.
Aquí sigo, robando tiempo al tiempo.
Aquí sigo, robando tiempo.
Aquí sigo, robando.
Aqui sigo.
Aquí.

2017

A todos mis amigos artistas, a esos que vivís en el alambre, en el desasoiego, con el agua al cuello. A todos mis francotiradores, a mis balas perdidas, a mis soldados rasos en primera linea de fuego, os deseo que sigáis aspirando fuerte el nalpalm que huele a victoria en este apocalipsis.
Sed bienvenidos al club de los imposibles. No soltéis nunca el cuchillo que lleváis entre los dientes. Mirad de frente a la vida y sonreídle. Decidle que sí, que un día os doblará la espalda y caeréis rendidos con humildad ante su poder, pero que mientras tanto afrontaréis con orgullo y honor la guerra que os ha tocado vivir. Feliz 2017.

miércoles, 4 de junio de 2014

¿Es esto una despedida?

Después de tres años y medio escribiendo en este blog, soy consciente de que, poco a poco, lo he ido descuidando. Podría exponer mil motivos para justificarme pero no lo haré. Mejor todavía, tan sólo daré uno de esos motivos, a saber; he creado otro blog con la ilustradora Patricia Barrachina que me ocupa más tiempo, más energía y más ganas. Entre ella y yo hemos generado un equipo de trabajo en el que proponemos fotografías ilustradas. Nos hacemos llamar Pic to Pic. No voy a hablar más de ello. Todo aquel que desee visitarlo puede hacerlo aquí http://somospictopic.blogspot.com.es/. También incluyo el blog en la sección de enlaces.
El estar trabajando más en este otro blog no significa que abandone éste. Son mundos distintos, paralelos y complementarios. Pido disculpas a todos aquellos que os habéis sentido frustrados al entar aquí varias veces sin ver nada nuevo publicado.
La fotografía que ilustra esta entrada es el primer trabajo que realizamos en Pic to Pic, aun antes de ser Pic to Pic. Espero que disfrutéis de nuestras imágenes tanto como, supuestamente, habéis disfrutado de este blog durante tres años y medio.
En todo caso, ¿es esto una despedida? Yo diría que no. Pero nunca se sabe.
Hasta....¿pronto?