Tal vez Xavo Giménez nunca fue el guapo de la
clase (lo sé porque yo tampoco lo fui y entre iguales nos reconocemos).
No era el más guapo, ni falta que le hacía. Seguro que le partieron el
corazón y la cara más de una vez (lo sé porque a mi también me los partieron).
A Xavo lo conocí hace unos cuantos años, cuando fotografié una obra
titulada "Va de bo", una producción, si no recuerdo mal, de la compañía
La Dependent. Era una obra de humor irreverente y socarrón, sin una
pretensión que fuera más allá de hacer pasar un buen rato al espectador.
Después le perdí la pista hasta que, por el azar cibernético del
Facebook, lo reencontré. Lo curioso es que no lo reencontré como actor
sino como cantante y compositor de un grupo llamado Giménez e hijos.
En mi casa suena música a todas horas, soy un buscador incansable de
nuevos estímulos, y en estos tiempos donde abundan las melodías
anoréxicas, encontré en la música de Xavo algo más parecido a un buen
cocido que a una ensalada aliñada con aceite de girasol. Pero fui
siguiendo sus pasos y, para colmo, descubro que el tío también escribe,
dirige, hace diseño gráfico y seguro que te arregla una cañería.
El
otro día, y esto es cierto, una amiga me dijo que le daba miedo ir a un
concierto de Giménez e hijos porque seguro que se enamoraba del cantante
(las chicas, a veces, son así). Pues bien, Xavo; parece que dejaste de
ser sólo el simpático de la pandilla. Los patitos feos también podemos
convertirnos en cisnes.
Y esto empieza a parecerse a una declaración de amor baboso hacia el señor Giménez. Pues qué coño, que así sea!!!
Que nadie se pierda "Penev" este fin de semana, en la Sala Ultramar,
para descubrir el talento de este cabronazo. Ah, y si alguien tiene
problemas con las cañerías del baño, que hable con él a la salida.
Seguro que le da una solución.
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miércoles, 12 de marzo de 2014
viernes, 24 de junio de 2011
Peter Greenaway

Mi profesión me ha permitido conocer algunos personajes que eran mitos en mi cabeza.
Cuando en Valencia se realizaba la Bienal de Arte tuve la ocasión de trabajar en dos de ellas, la primera y la tercera. Todavía no sé porqué no me llamaron en la segunda y la cuarta. Será una cuestión de impares.
En la primera coincidí con el cineasta Peter Greenaway, director de “El vientre del arquitecto” o “El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante”, entre otras. Yo, por entonces, ya era un devoto de sus películas y concretamente “El cocinero…” la había visto al menos cinco veces. Sobre esa película yo tenía elaborada una teoría, pero me quedaba una duda a cerca de una de las secuencias. Un día tuve el valor de acercarme al maestro y mostrarle mi inquietud. En mi precario inglés le desarrollé la teoría y le plantee mi duda. Se mostró sorprendido y me contestó que la teoría era correcta y posteriormente respondió a mi duda. Habló durante unos quince minutos sobre las raíces judeocristianas de nuestra cultura, sobre la revolución francesa, la revolución industrial y la revolución informática. Yo, aunque no entendía casi nada de lo que hablaba, afirmaba esforzándome por poner cara de intelectual, porque con esta gente o pones cara de intelectual o estás perdido. Finalmente me preguntó:
- ¿Do you understand? (¿has entendido?)
A lo que le contesté:
- Everything (Todo)
Aunque la verdad es que no había pillado ni una.
A veces fingir salva tu dignidad.
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