
Recuerdo que de muy pequeño,en un colegio de techos infinitos y frío glaciar,se me otorgó el número 31 del aula C como seña de identidad.Jorge Pla Mellado,ese era yo: el 31 de la C.Iba justo después de Pellicer(el 30) y antes de Pulido(el 32). Fui el 31 durante diez años de mi vida. Llegué a coger cariño a esa cifra. El ser humano suele adoptar relaciones mágicas con los números. Por ejemplo; ponemos nuestra fecha de nacimiento como número secreto de nuestra cartilla de ahorros o rellenamos la Bonoloto en base a la edad de nuestros familiares. Todavía el 31 es mi número de la suerte. Como he dicho, fui el 31 durante diez años,hasta que a Pellicer le descubrieron una peritonitis y fue operado de urgencia. Pellicer se quedó en la mesa de operaciones y yo pasé a ocupar su número;el 30,el número de un muerto. Desde aquel momento lo detesto(al 30,no a Pellicer,que no tiene culpa de nada). Es más;detesto los números pares,sobre todo los que van del 30 al 40.
Por lo visto en los cementerios,como en los colegios,también se nos otorga un número.
Cuestión de orden,supongo.
Me pregunto qué número tendrá Pellicer en su lápida. Me pregunto cuál tendré yo. Espero que no sea un número par.
