Te conocí en los bares, de madrugada, cuando todos los gatos eran pardos y tú tenías ojos de leona. Hablabas por los codos, sin mirar nunca de frente. Vestías de negro y todavía conservabas una risa infantil.
Es cierto que también guardabas grandes silencios, pero yo creí entender lo que ellos escondían. Hoy sé que me equivocaba. Arrogancias de joven cazador, supongo.
Todos los camareros nos saludaban y nos fiaban el último trago. Éramos inmortales y nos gustaba el funambulismo químico. Soñábamos desesperanzados un futuro mejor que nunca llegó.
Ahora tu hija tiene la edad que tú tenías entonces y se parece tanto a ti, que tú me pareces una extraña.
Nathan Hope.
Mostrando entradas con la etiqueta Nathan Hope. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Nathan Hope. Mostrar todas las entradas
sábado, 26 de enero de 2013
jueves, 2 de febrero de 2012
Todo

Todo zapato tiene su agujero
Toda ventana una brisa que la atraviesa
Toda esquina tiene un beso de despedida
Toda alma un anhelo lejano
Todo niño tiene unas manos pequeñas
y un botón suelto en el bolsillo
Toda pizarra tiene una fórmula
que no explica por qué te amo
Toda rama tiene un ahorcado
y todo río un cadáver en el fondo
Toda jaula tiene un pájaro triste
Todo domingo un lunes que le espera
Toda madre tiene una certeza
y todo padre una espalda en llamas
Toda mosca tiene su miel
Toda lanza su costado
Todo actor su papel
Nathan Hope
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
