Los bares de Madrid guardan corazones desguazados, olor a pan tostado, promesas incumplidas, hoteles esperando, amantes a tiempo parcial y camareros del aleti.
Llamadas inesperadas, amor mendigado, sonrisas congeladas, lunas plateadas y venas estancadas.
Viajes por hacer, vidas por morir, muertes por llorar, mujeres por amar y hombres que envidiar.
Los bares de Madrid tienen la memoria de la angustia y la resurrección.
